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Novela
Desayuno [3]
(LA COMPAÑÍA) [amaneciendo I] (1994)

Novela

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(LA COMPAÑÍA) [amaneciendo I] (1994)
Amado Lascar

AMANECIENDO I


Seguramente el despertador había vuelto a fallar. A las cuatro en punto de la tarde abría los ojos alumbrado por un foco de una linterna. Sin embargo, una vez que había regresado en mí, estaba tapándome la cara con la almohada como si fueran las cuatro de la madrugada. Es razonablemente cierto que cuando el sol es confundido con una linterna o con una antorcha que va picando la cara, no pueden ser las cuatro de la madrugada. Razonablemente he estado diciéndome antes de decidirme a escribir estas líneas, porque si estuviera en la Antártica, pongamos por caso (anoto que este comentario es más teórico que real porque nunca he estado en el polo ni proximidades), sería perfectamente natural que a las cuatro A.M. el sol pareciera una brasa chamuscando la cama del durmiente que no ha tomado la precaución de cerrar las persianas por ser su primer día en dicho territorio o por olvido simple y llano. En cualquier caso, lo más probable era, que por sexta vez en lo que iba corrido del año, más precisamente desde la última Navidad hasta ahora, en cinco meses y catorce días, el reloj había dejado de funcionar. Lo curioso de una cosa así, es que no hubiera decidido deshacerme aún de éste inoportuno mecanismo, en beneficio de la compra de uno nuevo. Pero precisamente el mecanismo éste, sería en realidad nuevo. Tanto, que aún tendría vigente su garantía (la cual expiraba dentro de 16 días si gustamos de la exactitud).
Comprendería que haya personas que no puedan compartir una actitud como la mía, me parecería natural que aún existan en el mundo divergencias en los procedimientos en relación a los relojes que han fallado seis veces consecutivas en menos de seis meses; comprendería incluso que hayan diferencias en los afectos que las personas puedan profesar a tales o cuales objetos. Esta comprensión que yo he desarrollado por las personas, también cumple una función complementaria, es decir, así como yo he aceptado a éstas personas que obviamente son diferentes a mí, estoy en situación de reclamar para mi persona, el derecho que yo reconozco que ellas tienen en relación a disponer de la manera que consideren más lógica para satisfacer sus necesidades de ser despertadas artificialmente cuanto más les pueda acomodar a sus actividades. De alguna manera he querido aclarar lo más pronto posible este aspecto que representa una opinión que me he formado en relación a los demás. Así era como aproximadamente en punto de las cuatro, por una de esas tantas (exactamente seis) ocasiones en que me llevaba fallando el aparato electromecánico instalado sobre mi velador, el reflector, es decir el sol, iluminaba plena y diagonalmente mi cama como si ella se compusiera de dos triángulos rectángulos opuestos y complementarios entre sí formando en conjunto un rectángulo completo: sepia uno, brillante el otro. Mi cuerpo estaba tendido, perpendicular a la cabecera (la que se encontraba plenamente iluminada) con la cabeza en la almohada (se comprende porque me daba de lleno en el rostro). Sin embargo mis pies estaban completamente en el lado oscuro. El haz lumínico-tibio cortaba mi cuerpo transversalmente a la altura de mis rodillas. Cuando había conseguido incorporarme, el aparato indicaba una hora precisa : 4:00. Sus números rojos al poco rato indicaron 4:01. En el baño estuve realizando los pormenores que uno no olvida desde que ha sido pequeño. Ya más fresco me acordaba de algo que tendría que recordar aquella mañana. Algo debía hacer, pero por más que esforzaba mi cerebro no construía recuerdo de cita alguna. Observando por el balcón de mi ventana el que se ubicaba en un tercer piso, hacía esfuerzos para desesperezarme y traer a la memoria alguna actividad particular que supuestamente debería haber hecho al levantarme. Mientras meditaba o intentaba remover un poco el polvo de mis recuerdos inmediatos, la calle se movía ente mis ojos como en un día cualquiera. No puse en realidad mayor atención en esto ya que la tetera había comenzado a llamar para avisar lo de mi desayuno. Tetera he dicho, cada vez que digo tetera pienso en una alternativa porque esta palabra me gusta poco, pero cuando lo he hecho siempre he llegado a pava la que me parece débil y enfermiza. Mientras revolvía la taza, había estado pensando en una historia que un amigo narraba días atrás. ¿Qué te parecen los bulldogs?, creo que así había sido su pregunta. Ésta es la mejor prueba que los hombres están involucionando, pudo añadir. ¿por qué?. Muy simple. Los bulldogs tienen un esófago desproporcionado con la forma y el tamaño de su cuerpo. En otras palabras con el tiempo los bulldogs van a morir asfixiados cinco minutos después de nacer. Es una raza que nos muestra el futuro de la humanidad. Creo haberme quedado mirándolo, pensando para mí mismo en los dinosaurios que habían desaparecido antes que el hombre se soñara con poblar la tierra. Luego agregaba: debemos tener fe. No he comprendido en realidad por qué al revolver el té me he acordado de esta historia, ni si tendría algún interés particular para mi relato. En todo caso luego de aquel recuerdo tuve otro que me sacaría de mis meditaciones. Lo que había olvidado y que ahora aparecía nítidamente en mi memoria era que mi cita era probablemente con la oficina. Debía ir a la oficina como cualquier ser humano porque yo no era pensionado ni rentista. Esto estaba claro. Aún era joven y como tal trabajador. Por lo tanto debía ir a mi trabajo. Es decir joven relativamente, para no incurrir en falsedades o medias verdades. Creo que era joven porque me ocurrían cosas que a la mayoría de los jóvenes les ocurren o podrían ocurrirles. Pero también no completamente porque los jóvenes me trataban de usted a veces. También un poco lo creo, porque me aburría de pronto, y eso es cansancio. Sin embargo lo que aún estaba olvidando era que sin el reloj, mañana volvería a tener el mismo problema con la levantada; por lo tanto en el camino al trabajo era recomendable que buscara una solución al problema del despertador. Creo haber dicho que aún reservaba algunos días de garantía, pero tal vez ahora nos decidiéramos a cambiarlo para evitarme más de estas demoras inútiles. No recuerdo si ya he dicho cual ha sido el origen de este reloj. A primera vista parecería que me lo hubieran obsequiado en la última Navidad. Decía lo anterior, porque me imagino que si se ha leído con cierta atención el relato, habrán notado que el mecanismo ese, lo he inventariado desde la última Navidad. Sin pretender ser majadero, considero adecuado hacer algunos alcances en el relato principal que pudieran servir de advertencia a quienes la propia experiencia no les da enseñanza, prefiriendo como sucedánea la palabra y particularmente la palabra impresa. En este caso concretamente, que el reloj lo haya recibido en Navidad no significa que fuera un obsequio navideño, sino más bien debe ser tomado como un dato cronológico en relación con cuantificar sus fallas en un período x de tiempo y la Navidad simplemente la he tomado como punto de referencia mnemotécnico y nada más. A pesar de esto, no deja de ser pertinente comentar cual es el origen de éste regalo. No creo adelantarme cuando manifiesto que efectivamente ha sido un regalo, aunque no un regalo de Navidad.





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 Referencia
Amado Lascar.  "(LA COMPAÑÍA) [amaneciendo I] (1994)."  Gato X Gato. Ed. Amado Lascar. Athens, Ohio  :  Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   23 de diciembre de 2005.
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