“Un grupo de termitas cruzó el río desconocido. Tenían todo tipo de ideas sobre lo que iban a encontrar al otro lado. Estaban buscando un camino más corto para llegar a la región de las hormigas amarillas las cuales eran expertas en hacer elaborados capullos para almacenar materia. Las termitas necesitan esos capullos para sobrevivir en el valle desértico y aislado que habían creado.”
Manfritz paró un momento, leyó el comienzo de su cuento de hormigas y termitas:
Esta no es una mala historia, se dijo.
Hormigas rojas, hormigas negras, pequeñas y grandes, pero no blancas. ¿Por qué termitas? Se preguntará la gente. ¿Son las termitas y las hormigas primas o parientes?
Se levantó y fue a coger un vaso de vino.
No estaba seguro de esta historia.
Termitas y hormigas repetía, mirando fijamente, a través de su ventana, al pequeño coche corriendo en la calle de al lado.
Soy mejor haciendo preguntas que escribiendo historias, pensó; pero igual tenía el impulso de escribir sobre las hormigas.
Caminó a través de la habitación y cogió un juego de pinturas. Manfritz dibujó una hormiga, una hormiga azul, bien hecha y brillante. Puso el papel en la mesa de la cocina. Era un buen dibujo, real, realmente hiper-real.
“Ellas cruzaron el río y encontraron hormigas viviendo sin hacer túneles y sin comer árboles…”
No, Manfritz dijo en voz alta: las hormigas y las termitas no sirven para escribir buenas historias.
Quizás, no debería intentar escribir sobre insectos, pensó… los humanos le permitían imaginarse historias más variadas…
Manfritz estaba desanimado… Fue a la mesa de la cocina, cerró la libreta y se fue a dormir.
El autor de Manfritz dejó la historia sin acabar, bloqueado, sin ser capaz de continuar pero con la esperanza de terminarla tan pronto como se le ocurriera algo para Manfritz. Se fue a un bar y se encontró con una amiga que también era escritora. Después de hablar un poco, la amiga del autor de Manfritz le preguntó que porqué parecía tan distraído. Esta era la oportunidad perfecta para el autor de contarle sobre la historia de las hormigas y las termitas…
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Esa noche, cuando Manfritz estaba dormido, la amiga del autor entró en el departamento de Manfritz. Ella echó un vistazo y, según la descripción del autor en la conversación del bar, encontró los escritos de Manfritz al lado del dibujo de la hormiga azul. Lo que ella leyó, sin embargo, fue diferente de la descripción del autor de Manfritz. También era la historia de una hormiga, pero era una obra más larga donde las termitas, en realidad, habían cruzado el río, se habían asentado en el otro lado, luchando en contra de las hormigas y derrotándolas, sin alcanzar a las hormigas del capullo del este, pero, en cambio, habían encontrado hormigas rojas almacenando semillas de flores tropicales.
La amiga del autor de Manfritz miró su reloj, casi eran las dos de la mañana. Ella pensó que a lo mejor Manfritz se había levantado con algunas nuevas ideas y había continuado su cuento. No quería manosear su trabajo y decidió que mejor era hora de irse. A veces los autores no pueden evitarse a sí mismos cuando están trabajando en una historia, tienen la tendencia de intervenir sin ningún cuidado en la dinámica de los personajes. En este caso, en realidad, ella estaba en la historia, ahí mismo, entonces, sencillamente cogió un trozo de papel de la libreta de su bolsillo y le escribió una pequeña nota a Manfritz:
Hola Manfritz, perdón por entrar a hurtadillas en tu casa. Me encantan tus cuentos. Ya que también te estás convirtiendo en un autor creo que deberíamos juntarnos algún día. Creo que las hormigas y las termitas son un buen tema, de todas maneras, un elemento cultural quizás sería una ayuda para revelar mejor sus motivaciones.
Con amor, Tony.
Manfritz se levantó temprano en la siguiente mañana y se fue a sentar al lado del dibujo de la hormiga azul. Encima de la mesa encontró la nota y la leyó. Se sintió raro sabiendo que alguien había estado dentro de su apartamento la noche anterior. Pensó un rato sobre eso, se vistió, se fue abajo hacia el mercado y se sentó en la mesa de una cafetería al aire libre. Abrió su libreta y pidió una taza de té. Un “elemento cultural”, se dijo a sí mismo. ¿No estaban las hormigas organizadas y no encontraban formas de adaptarse a los cambios ambientales? Incluso las termitas, después de comerse todas sus reservas de comida, hacen un desecho con la tierra del paraíso. Tal vez la respuesta esté al revés, pensó, y tal vez no lo esté…
Mientras Manfritz estaba teniendo estas inquietantes ideas, en la mesa de al lado se sentó una pareja. Él no los reconoció y ellos tampoco le reconocieron a él, ya que tan sólo se conocían a través de la literatura. El autor parecía un hombre corriente con pelo oscuro, bigote, un poco rellenito, de unos cuarenta años de edad; y la mujer tenía pelo castaño, una forma como new age de vestirse, una nariz simpática y una gran frente.
Entonces, ¿fuiste a su apartamento ayer por la noche? Preguntó el hombre.
Claro que fui, contestó la mujer.
Él estaba durmiendo y encontré la historia justo donde me dijiste que estaba…
Por supuesto, en qué otro sitio podría haber estado, dijo el autor, yo cuento sus historias…
No exactamente, dijo la mujer.
¿Qué quieres decir? Preguntó el autor.
Sólo que lo que habías descrito sobre su historia no fue exactamente lo que leí.
Manfritz se dio cuenta de que esas personas no eran ciudadanos comunes y corrientes, eran su autor y Tony, la mujer que había entrado a hurtadillas en su casa la noche anterior.
¿Qué leíste entonces? preguntó el autor. Leí más de lo que tú habías dicho. Creo que Manfritz no estaba teniendo problemas con la historia de las hormigas, por el contrario, creo que estaba confundiendo a la gente con los insectos, dijo Tony.
Bueno, ese no es un gran problema, dijo el autor, puedes hacer una alegoría o puedes usarlas como modelo o anti-modelo para describir asuntos humanos.
Manfritz estaba disfrutando tanto de la conversación que casi olvidó la importancia de esta en relación con su historia, estaba sentado justo al lado de su…vamos a decir…pluma…Por cierto, no hay coincidencias, especialmente en el mundo de la literatura, pensó Manfritz.
Creo, dijo Tony, que Manfritz está intentando resolver un complejo de inferioridad dado el hecho de que no tiene control sobre su vida…
¿Qué quieres decir? Preguntó el autor. Él es sólo un personaje.
Tú sabes lo que quiero decir. Él se está sintiendo como un personaje sin poder de decisión, quizás esa es la razón por la que está usando colonias estructuradas para explicar la finalidad de ser subalterno.
Esto está yendo demasiado lejos, dijo el autor.
¿Qué hay de malo en mi análisis?, preguntó Tony. Los personajes literarios frecuentemente son analizados por diferentes tipos de teorías y una de ellas es el psicoanálisis…
Sí, sí, Tony, dijo el autor, pero en literatura no en la vida real, quiero decir…bueno, también en la vida real, pero no puedes analizar un personaje como si fuesen reales porque cumplen funciones simbólicas y los humanos somos más bien literales.
Manfritz estaba empezando a creer que su autor era un poquito cazurro. Estaba lleno de contradicciones y no era capaz de distinguir lo básico entre la ficción y la realidad, y estaba todo confundido con el psicoanálisis—sin diferenciar lo bueno de lo malo.
Por supuesto que podemos, dijo Tony. Esa es toda la finalidad de la literatura…
¿Cuál es la finalidad de la literatura según tú?, preguntó el autor.
La finalidad es hacer cualquier cosa que escribas verosímil. No importa que esté en el infierno, en una nave espacial o en la puerta de al lado. Tiene que ser creíble. Don Quijote, por ejemplo. Lo leemos y disfrutamos por que es posible. Nos encantan esas fantasías por que pueden ser tan reales como la taza de té que este hombre se está bebiendo justo al lado nuestro, dijo Tony.
Analogías, metáforas y alegorías son lo mismo, ellas hablan de nosotros desde otro ángulo, pero todo se trata del aquí y ahora, ¿lo ves? Toda la literatura son comentarios de este mundo. ¿No estás de acuerdo David?, dijo Tony.
Sí, pero creo que el aspecto verosímil es crucial, pero no el núcleo de la literatura…
Perdón señor, dijo Tony al hombre que estaba sorbiendo su taza en la mesa de al lado, estamos hablando sobre literatura y…parece que usted está leyendo un buen libro [Manfritz había dejado a Frankestein encima de su mesa] ¿nos ayudaría?….
Sí, madame, dijo Manfritz… ¿Cómo puedo servirles de ayuda…?
Bueno, dijo Tony, mi amigo y yo no nos ponemos de acuerdo en la función básica de contar historias.
Ya veo, dijo Manfritz mirando a su autor ligeramente disgustado [sin mencionar la desconfianza].
¿Sería tan amable de darnos su honesta opinión sobre la simple y esencial característica de escribir, la que no puede ser olvidada o evitada en ninguna buena historia?
Está bien, dijo Manfritz, pero, ¿qué es una buena historia para usted?
Algo que uno puede sentir y seguir como bajo el poder de la hipnosis, dijo Tony.
Manfritz la miró con calma. No contestó en forma compulsiva, pero estaba satisfecho con esta oportunidad.
Gracias por preguntar dijo Manfritz… No soy un experto sólo soy un amateur en este tipo de asuntos, pero creo que la literatura y la vida son ambas regidas por las mismas leyes. Sólo son diferentes ventanas para vernos los unos a los otros como el ying y el yang. Mmmmm..., y muchas veces... es difícil decidir si una historia forma parte de la realidad o de la ficción… ya sabe. La verisimilitud es importante pero también lo es su otra cara, con eso se entiende, lo que nadie quiere decir y muchos quieren oír pero creen que están atrapados en la ficción o, lo que la gente está orgullosa de llamar teoría de la conspiración. Eso significa, dijo Manfritz, que la literatura debería cuestionar lo que se oculta bajo la censura del autor. En ese sentido, la literatura debería ser música prohibida…
Eso es hermoso, dijo Tony… ¿qué tema elegiría para desarrollar esa gran idea suya?
Bueno, una posibilidad es escribir una historia donde hormigas, hormigas de muchos colores, con diferentes visiones de la vida, la amistad y la supervivencia, y usarlas como un laboratorio para la reflexión humana, dijo Manfritz, ya que se parecen tanto a la forma en que las personas no quieren verse a sí mismas.