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Cuento
About how and why Manfritz found his true identity in Hiroshima.
Sobre cómo y por qué Manfritz encontró su verdadera identidad en Hiroshima.
Las hormigas, pensó Manfritz, también son seres sociales; por qué no interrogarlas para ver qué más tenemos en común. Esta vez, de todas formas, Manfritz tuvo grandes dificultades para ponerse manos a la obra.
Las 8.30 fue un magnífico momento para entrevistar a Manfritz. Sus habilidades para hacer té sólo pueden ser comparadas con su ingenio.
Cuando Manfritz tuvo algo de tiempo libre y decidió ir a San Francisco para indagar un poco en la historia real de California.
About how and why Manfritz found his true identity in Hiroshima.

Cuento

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Cuando Manfritz tuvo algo de tiempo libre y decidió ir a San Francisco para indagar un poco en la historia real de California.
Amado Láscar

Después de cerrar con llave la última puerta de hierro, se llevaron a Manfritz al subterráneo; el lugar era oscuro y húmedo. Las pisadas hacían eco al caminar a través del largo pasillo como andando en las catacumbas; abrieron una gruesa puerta metálica, le empujaron y le hicieron caer contra el suelo. Los guardias no dijeron una palabra y tampoco lo hizo Manfritz. Cuando se fueron, le dejaron en una oscuridad completa, muy consciente de que estaba en el agujero.
Manfritz no esperaba que después de visitar Alcatraz estaría encarcelado en el museo-prisión. Todavía tenía el vale del barquito y los billetes de entrada en su bolsillo. No habló con los guardias porque estaba demasiado ocupado pensando en cómo un visitante podía ser convertido en prisionero. Estirado en el suelo de la celda de castigo, Manfritz se quedó quieto y callado.
¿Cómo podría haber pasado esto? Pensó.
Se levantó para intentar escaparse de los fuertes edores del lugar, reposó contra una de las paredes y escuchó. Manfritz no oyó nada, sólo una gota de agua cayendo y haciendo eco fuera del agujero. Por un largo rato ese fue el único sonido que fue capaz de escuchar. El goteo iluminaba la oscuridad de su celda (como el flash de una cámara cuando uno está a punto de dormirse), como un disparo cegador de luz blanca que en vez de iluminar el espacio lo blanquea; abriendo las paredes, aunque sin describir la habitación, justo como una nube de luz sin forma.
Después de algún tiempo en el agujero, Manfritz se dio cuenta de que también podían oírse otros sonidos: pasos, portazos, risas, llantos, chillidos y el aleteo de un látigo.
Los días y las noches se desvanecían. Siempre estaba oscuro (excepto cuando oía el goteo del agua, como cuando nos estamos quedando dormidos), la pauta alimenticia también contribuía a su confusión. Algunas veces tenía la sensación de ayunar por días otras tenía la sensación de recibir comida cada hora. Por eso, su sentido del tiempo pronto se perdió. Tiempo y espacio fueron reducidos a la voluntad de los guardias y éstos a su vez dependían de quien sabe qué voluntad distante, como una cascada de personas vendidas tomando decisiones. Tal vez, este sea el reino de los guardias y todo dependa de su voluntad, pensó Manfritz.
Una mañana (tarde, noche, es difícil decir) abrieron su puerta y empujaron a otro dentro del agujero.
La linterna cegó los ojos de Manfritz, por lo que no pudo ver quién o qué le había sido enviado para hacerle compañía. Manfritz sintió el calor del cuerpo situado a su lado pero no se atrevió a tocarlo. No sabía lo que era. El cuerpo tampoco se movió.
Perdón, dijo Manfritz, ¿estás UD. bien?
Después de un rato Manfritz añadió: Si no estoy equivocado UD. me tiene como compañero de cuarto… ¿puede hablarme?
Sí, dijo una voz, estoy bien, ¿dónde estamos?
No sé dónde estará UD, contestó Manfritz, pero yo estaba visitando el museo de la cárcel de Alcatraz en San Francisco y por alguna razón me enviaron aquí.
Lo entiendo, dijo la voz.
¿Lo entiende? Preguntó Manfritz.
Quiero decir, dijo la voz, que entiendo lo que estás diciendo…
Ah, dijo Manfritz.
La forma en que yo llegué aquí, dijo la voz, es un poco diferente…
¿Cómo es eso? Preguntó Manfritz… sin dejar que la voz acabase su historia, le preguntó…
¿Está cómodo de la forma en que está? Porque no puedo verle…
En realidad no, dijo la voz.
Es mejor, dijo Manfritz, si se acerca a la pared y reposa su espalda allí…
La voz se acomodó y le dijo a Manfritz: mi historia es bastante diferente… Yo estaba conduciendo en la autopista 66 de Chicago a Los Ángeles, un largo viaje de cosechas, si lo quiere ver de esa forma, y me paré a dormir en un área de descanso como cualquier otra. La siguiente cosa que vi fue un grupo de tipos vestidos con capuchones blancos despertándome, atándome fuertemente, vendándome y luego me mandaron aquí…
Ya veo, dijo Manfritz… ¿Recuerda dónde estaba durmiendo?
Seguramente en Kansas o en algún sitio como ese, dijo la voz, ahora no estoy muy seguro…
Ah, dijo Manfritz. Entonces no tiene recuerdos claros…
Manfritz estaba a punto de terminar su pregunta cuando el goteo iluminó el lugar con su luz brumosa…
En realidad no, dijo la voz.
¿Vió eso? Preguntó Manfritz.
¿Qué? Dijo la voz.
La luz, dijo Manfritz.
No estoy seguro, dijo la voz, creo que estaba parpadeando.
Le creo, dijo Manfritz… pero era intensa como una bola de polvo.
Creo que esa es la última cosa que nos queda, dijo la voz.
¿Polvo? Preguntó Manfritz.
No, creer…creer el uno en el otro, dijo la voz.
Exactamente, dijo Manfritz.
Da igual, dijo la voz. Creo que tengo mucha suerte de tener a alguien con quien conversar…
Yo siento lo mismo, contestó Manfritz.
¿Cómo se llama? Preguntó la voz.
Manfritz, dijo Manfritz.
La voz no contestó.
No dijo: “encantado de conocerle” ni “mucho gusto” ni nada más.
Después de un rato, Manfritz preguntó que qué pasaba.
Nada, dijo la voz.
Vamos, dijo Manfritz, si no le gusta mi nombre, cualquier nombre me vale. Los nombres son sólo palabras para hacer las cosas más simples…
No es eso, dijo la voz.
¿Qué es entonces? preguntó Manfritz…
…Bien… dijo Manfritz. Si mi nombre le molesta, soy Juan. Créame, da igual…
¿Cómo se llama? Preguntó Manfritz.
Manfritz, dijo la voz.





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 Referencia
Amado Láscar.  " Cuando Manfritz tuvo algo de tiempo libre y decidió ir a San Francisco para indagar un poco en la historia real de California.."  Gato X Gato. Ed. Amado Lascar. Athens, Ohio  :  Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   12 de febrero de 2007.
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